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Manejo de hábitos orales: chuparse el dedo y su impacto en la mordida

  • Foto del escritor: Diana Montoya Guzmán
    Diana Montoya Guzmán
  • 3 may
  • 2 Min. de lectura

Los hábitos orales son conductas repetitivas que, si se mantienen más allá de la primera infancia, pueden ejercer una presión anormal sobre los dientes y los huesos maxilares, alterando el desarrollo normal de la boca. El más común y perjudicial de estos hábitos es la succión del pulgar o el uso prolongado del chupete. El manejo temprano de estos hábitos es un aspecto crítico de la ortodoncia interceptiva y puede prevenir maloclusiones graves en el futuro.


Brackets tradicionales

El efecto de la succión en la estructura oral


La succión del pulgar o chupete se vuelve problemática si persiste más allá de los tres años de edad, cuando la presión constante comienza a deformar activamente las estructuras en desarrollo:


  • Mordida abierta anterior: La presión del dedo o chupete empuja los incisivos superiores hacia afuera y los inferiores hacia adentro. Esto crea un espacio vertical entre los dientes superiores e inferiores cuando la boca está cerrada.

  • Protrusión de incisivos superiores: Los dientes superiores se inclinan hacia adelante, creando un "dientes de conejo" que los hace más susceptibles a fracturas o lesiones.

  • Paladar estrecho (mordida cruzada posterior): La fuerza ejercida sobre el paladar puede estrechar el maxilar superior, lo que a menudo resulta en una mordida cruzada posterior y puede afectar la respiración nasal.


Estrategias de intervención temprana


El manejo de estos hábitos debe ser sensible y proactivo. La intervención se enfoca en dos fases: la psicológica y la física.


  1. Motivación y conciencia: El primer paso es lograr que el niño entienda por qué el hábito es perjudicial y motivar a detenerlo por sí mismo, a menudo con refuerzo positivo y sistemas de recompensa.

  2. Aparatos interceptivos: Si el hábito persiste, la intervención física se hace necesaria. La Dra. Diana Montoya puede utilizar aparatos ortopédicos específicos. Un ejemplo es la rejilla lingual, un pequeño aparato fijo colocado detrás de los dientes frontales superiores que impide físicamente la colocación del dedo o la lengua, recordando al niño que debe detener el hábito. Estos aparatos están diseñados para ser cómodos pero efectivos para romper la costumbre en pocas semanas o meses.


Al detener el hábito a una edad temprana (antes de la erupción de los dientes permanentes), la boca a menudo tiene la capacidad de autocorrección, simplificando o eliminando la necesidad de ortodoncia más compleja en la adolescencia.


✨ Confía el cuidado de tu sonrisa a la Dra. Diana Montoya


Si el hábito de succión de tu hijo está afectando el desarrollo de su mordida, la Dra. Diana Montoya es especialista en el manejo de hábitos orales mediante la ortopedia funcional. Te invitamos a reservar tu cita de valoración interceptiva para que la Dra. Montoya diseñe un plan de acción sensible y eficaz para detener el hábito y guiar el crecimiento saludable de los maxilares de tu hijo.





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